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La justicia mexicana no existe

A nueve meses de que se ordenó su arresto, el exgobernador llegó a una cárcel mexicana. El caso —que pone a prueba al nuevo sistema penal— acapara espacios en los medios y las redes sociales.

“Que empiece el show, ¡cámara, acción!”. Javier Duarte se despide con estas palabras de Guatemala, al cruzar el portón metálico azul que abre un par de hombres encapuchados. El exgobernador de Veracruz está a punto de ser entregado a las autoridades mexicanas para su extradición al país, donde es acusado de desviar recursos públicos —entre otros delitos—, de lo cual él se declara inocente.




Es lunes por la mañana, y el acusado se mentaliza para ser trasladado a la Ciudad de México, donde encarará frente al juez de control Gerardo Moreno García, en el Reclusorio Norte, los cargos federales de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita, tras pasar poco más de tres meses en el país vecino, donde fue capturado luego de permanecer medio año prófugo de la justicia.

Duarte recibió prisión preventiva, por lo que permanecerá en el Reclusorio Norte, pese a que la PGR solicitaba su traslado al penal psiquiátrico de Morelos, por considerar que ahí se podría atender sus padecimientos de hipertensión, hígado graso y ansiedad.

La defensa del exgobernador pidió la duplicidad del término para determinar su situación jurídica, por lo que la audiencia en la que se decretará si es vinculado a proceso penal o no quedó programada para el próximo sábado a las 10:00 horas.

El siguiente paso será que el juez defina los plazos para que ambas partes recaben pruebas, que deberá ser de hasta seis meses pero con la posibilidad de ser prorrogado, si hay justificación.

Además de este proceso penal, Duarte tiene pendiente su defensa ante las autoridades de Veracruz, donde el gobierno estatal presentó causas penales en su contra por abuso de autoridad, incumplimiento de deber legal, peculado, tráfico de influencias y coalición en agravio del servicio público, relacionados con el uso indebido de una aeronave y por el desvío de 220 millones de pesos.




Al aceptar su extradición —a la que se pudo haber opuesto ante la justicia de Guatemala—, Duarte se mostró confiado de comprobar su inocencia ante instancias mexicanas, lo cual implicaba una presión para que las autoridades mexicanas armaran una investigación sólida, comentaron especialistas consultados por Expansión. Aparte de dichos procesos abiertos en los fueros federal y estatal, las autoridades de ambos niveles pueden presentar nuevos cargos, previa solicitud de autorización a Guatemala, al ser el país que entregó a Duarte, de acuerdo con el tratado de extradición entre ambos países.

En cuanto a que si no se acreditan las acusaciones contra su defendido podría salir en libertad, el abogado sostuvo que eso le corresponde al juez determinarlo y la defensa realiza su trabajo de plantear cuestiones tan elementales que no existen y no están dentro de los datos de prueba y explicó que ahora para la audiencia de vinculación solamente podrán limitarse a los hechos que quedaron dentro de esa formulación de imputación, ya no otros.

Del Toro señaló que el sábado, la audiencia será muy larga y el juez decidirá si envía a Duarte de Ochoa a otro penal pero esto luego de evaluar las posturas de las partes.

 

 “Me parece que se infló demasiado un globo que ayer se desinfló en su totalidad”, indicó el abogado.

 

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